Una Ceremonia Cívica con mi Hermana

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México D.F., 19 de septiembre de 2014

Instituto Politécnico Nacional, Escuela Superior de Comercio y Administración, plantel Tepepan, explanada del asta bandera, 6:00 pm, junto a mi hermana.

Somos mexicana-chilena- estadounidenses. Una combinación que cobra un poco más de sentido hoy.

Llevo más de 20 años en México y he asistido a varias clases formales e informales sobre la historia de nuestro país. No culpo a mis maestros de historia ni culpo al sistema. No sé si se trata de culpas, o más bien, como la cuestión de la fe, llega un momento en el que lo sientes. Antes de eso, no hay nada. Ni si quiera se sabe que falta algo. No estoy segura si la palabra es patriotismo, orgullo o un profundo respeto por lo que esta tierra ha presenciado en los últimos siglos. El sentimiento no necesita ser calificado.

Hoy, di por tercera vez este mes el tema de la independencia de México; por tercera vez hablé del valor que tuvieron los ilustres de la patria y anexos. Me conmovió por tercera vez los Sentimientos de la Nación de Morelos y desee nuevamente que el ejército Trigarante fuera un poco más. ¿Y si Morelos…? Los ojos de mis estudiantes clavados en mis palabras, voces que le ganaban a sus manos estrechadas para tomar su turno y compartir o preguntar. Emoción pura y eléctrica compartida en todo el salón. Tres clases y por fin lo hice bien. Más enganchados no podrían estar. Esa clase formó parte de su lista de buenas clases. Me gané varios gracias maestra.

En la tarde, pasé al IPN a dar mi clase y esperé a mi hermana quien daría una clase como visitante especial. Me di cuenta que habría un simulacro y pensé tentativamente en la posibilidad de huir para trabajar en mis clases. En fin, me quedé. Sentí emoción y complicidad porque mi hermana estaba conmigo en mi lugar de trabajo. Ese sentimiento se volvió exponencial con la ceremonia cívica. Nos pidieron que saludáramos a la bandera y comenzó la banda de guerra. Sentí como mi corazón se aceleraba al ver hondear la bandera y como si fuera poco, un puente casi mágico me trajo imágenes de las personas que han luchado por un México justo, incluyente y de oportunidades. Ahora que escribo, las lágrimas vuelven a formarse en mis ojos y siento esa misma emoción. Un cuanto más especial porque trabajo en el Instituto Politécnico Nacional.

En algunos momentos sentí molestia por los mexicanos que seguían hablando, que saludaban con el codo caído, que le daban la espalda a la bandera, a los administrativos y profesores que estaban en escenario. Personas que día a día forman parte de la posibilidad de una educación superior laica y pública. Con ganas de gritar, ¡si no sumas, por favor NO RESTES! Reitero, no es su culpa si no lo sienten. Supongo que es algo que llega, como un relámpago a las 6:00 de la tarde en la explanada del asta bandera…

Mi hermana, mexicana-chilena-estadounidense y yo, en posición de saludo a la bandera, en silencio y contemplación. Maestras unidas con otros estudiantes y profesores. Fue un momento mágico para pensar en las personas que han trabajado, perdido su vida en el inter, sumado y marcado cambios en nuestro país. Soy afortunada por ser parte de ese esfuerzo. Estoy orgullosa de mis países, orgullosa de mi trabajo como maestra e insatisfecha porque hay mucho por hacer.

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