La tía Torunda sin una secuencia particular

Ya dime. ¿Qué me quieres decir?

¿Acaso piensas conocerme lo suficiente?

Si te he amado es por lo que conozco de ti, por tu esencia y la dualidad de tu alma de ligereza y pesadez. Pero, ¿qué conoces de mí? ¿Qué tanto piensas que has observado que tienes la claridad para definir tu amor por mí?

Silencio y esa misma impecable mirada saturada de pensamientos.

En todo este tiempo no has tenido la presencia de mente o alma para acercarme a tus pensamientos. Si te he amado es por lo que conozco de ti, por mi preocupación de cumplir con los deseos de mi corazón. Entiende bien que no he sido yo la que te ha elegido, sino mi corazón tiene algún tipo de entendimiento con el tuyo.

¿Qué es lo que ha cambiado esta vez? En el pasado te he pedido que te quedes. Ciertamente la última vez pedí que te fueras, pero es sólo por tu inconsistencia y la ambivalencia que me abrazaba.  Algo que nunca te pedí, pero se me ocurría que era implícito en los besos que te daba… respeta el amor que se te da. No cuestioné el que no lo hayas hecho, simplemente lo acepté y te pedí que te fueras.  Tu falta de respuesta fue más que suficiente para entender que las cosas estaban en el lugar que tenían que estar.

Lo doloroso no es extrañarte o extrañar el amor que alguna vez no fue ambivalente, sino el no ser apreciada.

Ciertamente estoy enojada y herida.

Su mirada no cambiaba, era como un ente sin deseos, ni si quiera había fricción entre su piel y el aire.  Ni un comentario, ni un cambio en su presencia. Ella no sabía si era la incongruencia de su ser que no lo permitía actuar o hablar, ni si quiera podía entender qué lo había traído a ella ese día.

Entonces nada, estás aquí y me tienes frente a ti, puedes decir lo que tu corazón te plazca y prefieres el silencio.

Se levantó de su silla y buscó su vaso de agua. El continuó inamovible.

No tienes idea de lo que quisiera saber de ti, de las cosas que he querido vivir contigo, no obstante respeté tu corazón y tus deseos, que mientras no fueron hechas verbalmente, tus acciones fueron más que suficiente para entender. No me puedes culpar por pedirte que te marcharas y esperar que algo real viniera a mis brazos.

Entonces él se levantó y buscó sus manos. Discúlpame por no haberlo hecho antes, no era mi intención y no estaba seguro.

Claramente este no era lo que ella esperaba, ni remotamente lo que ella deseaba, pues ella sabía que él nunca llegaría a amarla como ella lo amaba y admiraba. No era importante lo que tuviera que decir, ella sabía cuál sería su respuesta y no tenía ningún motivo por cambiar. No era orgullo ni venganza, era respeto a su propio corazón… sabía que las cosas nunca podrían ser iguales y la diferencia jamás sería lo suficiente para sanar el hecho de que había quebrado lo más sagrado que había existido, ese vínculo que parecía haberse hecho entre ellos y el cosmos.

Volver a empezar caería indudablemente en lo mundano, dijo en voz alta y con un tono ligero y burlón.

Si quisiera lo mundano hubiera elegido a otra persona, a otras diez personas puta madre. No es mi culpa que no percibiste eso, que no era lo que querías. He sido bien amada, y amada enteramente, sin ambivalencias, y sé y juro por la tierra en la que estoy parada que volveré a amar y ser amada de esa forma. Si no has sido tú, no es tu culpa, pero tampoco me vengas a culpar de esta desdicha. Así es que por favor limita tus visitas a mis sueños para otras cosas y permíteme seguir mi camino como ha sido destinado.

Una sonrisa salió de las esquinas de su cara, sumergió su cara en sus manos y volteó a verla. ¿Pues acaso querías perfección dentro de toda esta maraña? ¿Acaso la vida no está diseñada precisamente para tener momentos así? Si te he amado, ha sido en silencio porque sé que no soy ni la mitad del hombre que seré algún día y sería injusto que desperdiciara tu tiempo en un proyecto de esta índole.

No me vengas con tu racionalidad egocéntrica, si sientes amor, no es por mí. Tu búsqueda terminará inconclusa por tu falta de entrega y menosprecio hacía la mismísima institución del amor. No te puedo enseñar lo que tanto presumes conocer pero te disculpas de poner en acción.

No hay nada en el mundo que más he deseado que tenerte cerca y abrazarte, contener mi respiración y besarte cuántas veces le plazca a mis labios. Tu falta de humildad más bien retrae esos deseos a un lugar obscuro dentro de mí que dudo poder rescatarlo. Me duele, me duele que no puedas tomarme en tus brazos y permitirme sentir que todo va a estar bien, estoy harta de los momentos, quiero una vida. Por eso, aunque me vengas a pedir una esto, no sé si pueda dártelo con todo mi ser, porque hay una parte que se resguarda y se protege de ti.

Sé que no puedo reparar el pasado y ciertamente no te puedo prometer nada. Pero sé que esto es lo que quiero.

No sé si pueda tener esta aventura contigo, no confío en tus palabras, pues nunca las he visto y tus acciones, carajo tu acciones, qué quieres que pienses de todo lo que has hecho??? Porqué he de ser yo la que viva esta historia, acaso no merezco lo que todos los demás tienen, el día a día?

Hablas de más… hablas de otro lugar que se ha vuelto costumbre y capricho, pues claro es más fácil decidir no tomar este camino, tomarme de nuevo.  Tú que tanto te eximes de ser normal e impulsiva… hoy no te permites entregarte a esto?? Sé bien lo que tu corazón está diciendo, pues esa conexión cósmica de la que tanto hablas, también la siento y deja de reprocharme las decisiones de mi pasado, que jamás podré cambiar y sinceramente no sé si lo haría, pues me han traído a ti, a vivir este momento. Sé que no he hecho mi mejor esfuerzo por hacerte saber lo que siento, pero sé que no es demasiado tarde y sé que no sería bueno para ninguno de los dos dejar que esto quede atrás. No sé en qué termine esto, pero sé que es algo que no puedo dejar pasar y lo siento si no te lo dije antes pues pensaba que lo sentías de la misma forma que yo. Sé que sólo es en tus brazos que me siento en casa, y sé que es sólo a tu lado que siento que puedo ser amado por quién soy y que a pesar de mis errores, me sigues amando de la misma forma y con la misma profundidad que te he amado todo este tiempo. No busco que me prometas para siempre, solo dame mañana para que sientas que todavía tenemos un lugar juntos, para que veas con los ojos que alguna vez miraste nuestro mundo… nada se compara a este lugar y lo sabes y lo has sentido, no me puedes mentir y decir que lo has vuelto a experimentar después, pues sé que no y yo tampoco. Dame mañana, un día sin promesas, sólo nuestro espacio y nuestro aire.

El rodeo su cuerpo con sus brazos y le susurró algo al oído y ella sonrió y le volteó y metió su nariz en su cuello. Ciertamente no podría haber promesas, solo la promesa de sanar. Quizás todo lo que ella necesitaba escuchar estaba ahí, quizás se permitió sentir esa conexión en la cual los dos creían o simplemente su determinación… eso está en el secreto.

Así fue como la Tía Torunda comenzó un capítulo sin saber que quizás sería el comienzo de un libro completamente nuevo. A pesar de sus reservas y sus impulsos contrarios pero menos fuertes que los impulsos hacía el, ella devolvió esa mirada que él había extrañado tanto que lo había movido a buscarla y hacerla saber correspondida.

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1 Response to La tía Torunda sin una secuencia particular

  1. Ranis Avena says:

    no… así no termina… ¡piut! dónde dejaste la versión con el otro final?!

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